Kreemee

Una marca pequeña, hecha a mano en lotes cortos

Kreemee nació en Huaraz con una idea sencilla: preparar cremas, bálsamos y jabones en cantidades que se puedan revisar uno por uno. No trabajamos con líneas industriales ni con fórmulas que cambian cada mes. Cada tanda sale de la misma cocina, se pesa a mano y se deja curar el tiempo que necesita. Eso nos permite saber de dónde viene cada ingrediente y responder con claridad cuando alguien pregunta por una piel reactiva o por un aroma en particular.

Para quién trabajamos

Uso propio, ferias y reventa por caja

La mayoría de nuestros pedidos llegan de tres lugares: alguien que quiere un pote para su rutina de noche, una vecina que arma su mesa en la feria del barrio, y revendedoras que piden por caja de doce unidades. Cada caso tiene su ritmo y su presentación, así que el catálogo está pensado para moverse entre los tres sin complicar el pedido.

Cómo elaboramos

Manteca de karité, macerados y curado lento

Trabajamos con manteca de karité sin refinar, aceite de oliva, cera de abeja y macerados de caléndula cultivada en Huaral. Los jabones se curan seis semanas antes de salir a la venta. No usamos fragancias sintéticas intensas ni promesas médicas: si una crema hidrata, lo decimos así, sin adornos.

Cómo nos comunicamos

Fichas claras y trato directo

Cada producto lleva su ficha con ingredientes, peso en gramos, número de lote y fecha de elaboración. Preferimos explicar de más antes que dejar dudas. Si alguien pregunta por un aroma, una textura o una presentación que no está en el catálogo, se anota en el campo de notas y se revisa antes de confirmar el stock.

Qué evitamos

Sin lenguaje agresivo ni atajos

No vendemos resultados milagrosos ni usamos palabras que suenen a consultorio. Tampoco metemos ingredientes que no podamos rastrear. La idea es que una clienta nueva entienda qué está comprando en menos de un minuto, y que una revendedora sepa exactamente qué va dentro de cada caja antes de cerrar el pedido.

Lo que sostiene cada lote que sale de nuestro taller en Huaraz.

Hacemos pocas cosas, pero las hacemos completas

Lotes pequeños, trazables Cada crema, bálsamo o jabón se elabora en tandas cortas y lleva impreso su número de lote y la fecha en que se hizo. Si algo no sale como esperábamos, no llega al catálogo: preferimos repetir la tanda antes que entregar un producto del que no podamos responder.
Ingredientes que se pueden nombrar Manteca de karité sin refinar, macerados de caléndula, cacao de la selva, avena molida. Nada de listas largas con nombres que no significan nada. Si un ingrediente no aporta algo concreto a la piel, no entra en la fórmula.
Un catálogo que se entiende Ficha con ingredientes, peso en gramos, tipo de piel y presentación. Filtros por aroma y formato para que no tengas que adivinar. Y un campo de notas en el pedido para lo que no encaja en ninguna categoría: una piel reactiva, un aroma que prefieres evitar, una caja para feria.
Precio justo para quien revende Trabajamos con clientes de uso propio, con ferias de barrio y con revendedoras que piden por caja de doce unidades. La misma fórmula, el mismo lote, la misma fecha de elaboración, sin una versión distinta para mayorista. Lo que cambia es el volumen y el empaque de traslado.
Confirmación antes del pago El carrito calcula envíos dentro de Lima y provincias, pero no cobramos nada hasta confirmar stock real del lote. Si un producto se agotó, te lo decimos antes y no después. Preferimos perder una venta a dejar a alguien esperando algo que no va a llegar.
Lo que esperamos de vuelta Que uses el producto hasta el final del pote, que nos cuentes si la textura funcionó en tu clima, que vuelvas si te sirvió. La marca crece con esa devolución, no con campañas. Por eso el mismo canal que usas para pedir sirve para escribirnos una duda sobre un lote.

De un lote en la cocina a los pedidos por caja

Kreemee no nació como tienda. Empezó como una mesa de madera clara, dos ollas de acero y la costumbre de anotar cada tanda en un cuaderno. Con el tiempo ese cuaderno se volvió catálogo, y el catálogo se volvió carrito de compras para clientas de uso propio, ferias de barrio y revendedoras que piden por caja de doce unidades.

Primeras cremas de caléndula

El arranque fue una sola crema facial de caléndula y karité, batida a mano en potes de 60 g. Se regaló entre vecinas de Huaraz para ver cómo reaccionaba la piel seca con el frío de la sierra. Las devoluciones traían comentarios escritos a lápiz, y esos comentarios definieron la textura densa que hoy sigue igual: se absorbe sin dejar brillo y aguanta la rutina nocturna.

El cuaderno se volvió ficha técnica

Cuando empezaron a pedir por encargo, hicimos algo que no era obvio para una marca tan chica: imprimir en cada envase el número de lote y la fecha de elaboración. También empezamos a pesar en gramos exactos y a listar ingredientes sin abreviaturas. No fue marketing, fue una forma de responder a las preguntas que llegaban por WhatsApp sobre qué llevaba cada pote y cuándo se había hecho.

Bálsamos labiales y tubos de cartón

El bálsamo de cacao y menta suave apareció después, en barra de 8 g, porque las mismas clientas pedían algo para llevar al aire libre. La decisión que más nos costó fue el envase: cambiar el tubo plástico por cartón compostable obligó a reajustar el empaque interno y a aceptar que algunas unidades llegaran con la barra un poco marcada. A cambio, las revendedoras pudieron devolver los tubos en los pedidos por caja y reutilizar el interior.

Jabón de karité y avena curado seis semanas

El jabón de 110 g fue el primer producto que nos obligó a esperar. La barra se cura seis semanas antes de salir a la venta, así que la producción se planifica con meses de anticipación y no con la urgencia de un pedido puntual. Esa pausa cambió la forma de trabajar: dejamos de producir por impulso y empezamos a organizar los lotes por temporada, pensando en ferias y en pedidos mayoristas.

Filtros, notas y confirmación de stock

Con más de un producto en catálogo, el desorden se volvió un problema real. Agregamos filtros por tipo de piel, aroma y presentación para que cada persona llegue rápido a lo que busca, y un campo de notas para pedidos personalizados, por ejemplo una caja mixta para una feria de barrio. Antes del pago confirmamos stock a mano: preferimos avisar que un lote está por agotarse antes que cobrar y quedar mal.

Envíos dentro de Lima y provincias

El carrito calcula envíos dentro de Lima y hacia provincias, porque la mayoría de pedidos ya no salen de la misma cuadra. Las revendedoras piden por caja de doce unidades y necesitan saber cuánto suma el traslado antes de cerrar la orden. Ese cálculo se volvió una parte tan importante como la fórmula de la crema: si el envío no cuadra, el pedido no avanza.

Cada etapa dejó una regla que seguimos usando: lotes pequeños, ingredientes escritos completos, fechas visibles y confirmación antes del pago. Si quieres ver cómo se traduce eso en el catálogo, puedes revisar los productos o escribirnos para armar un pedido mayorista.

Configuracion de cookies

Usamos cookies para mantener el sitio estable, recordar opciones basicas y entender que paginas resultan utiles. Puedes aceptar, rechazar o revisar la configuracion antes de continuar.